Viaja sola para celebrar, para olvidar o, para saciar tu curiosidad

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Sí, viaja sola y serás testigo de tu ímpetu, de cuánto coraje cabe en tu cuerpo, el mismo coraje que antes desconocías. Con total probabilidad te estremecerás al descubrir tu impensable fortaleza, tu vigor y tu osadía.

He dedicado años a viajar, a conocer, a recorrer otros lugares, a caminar por tierras remotas. He visto lo impresionante, lo conmovedor, lo extraordinario. He comprendido, después de todo, que son esos viajes, esas hazañas, lo que prevalece en nuestra memoria con el paso del tiempo. Lo material es banal, se desgasta. Son nuestros periplos en esta vida lo que pervive en nosotros, lo que nos define.

He recorrido mucho, he hecho viajes de todo tipo. He viajado acompañada, pero también he probado el reto de echar a volar sola, de despegar y dejarme perder con la única compañía de mi mochila. Muchos fueron los que me preguntaron si tenía miedo: solo sentí miedo a que me embriagara el aroma de la independencia, a que el placer de sentir la libertad en su estado puro me impidiera regresar.

Ser mujer hoy en día es vivir en una lucha constante: demostrar nuestra valía, reafirmarnos como igual. Pero ser mujer y adentrarse en la aventura de viajar sola, es el mayor de los regalos, el mayor de los bienes, un desafío a este mundo extrañado al ver una mujer que viaja sola.

Cualquier temor que puedas sentir no es más que la inquietud de salir de tu zona de confort, de una sociedad cómoda que no espera que la mujer tome la iniciativa y arme sus maletas. Te aseguro que, si lo haces, si despliegas tus alas sola, tu fortaleza hará temblar a la humanidad. Caminarás con tu albedrío y degustarás las mieles de tu soberanía. Te hospedarás en tu reino y bailarás como quién celebra su liberación. Si viajas sola, serás testigo de tu ímpetu, de cuánto coraje cabe en tu cuerpo, el mismo coraje que antes desconocías. Con total probabilidad te estremecerás al descubrir tu impensable fortaleza, tu vigor y tu osadía.

viaja sola

Así que, sea por el motivo que sea, viaja, consiéntete. Viaja sola para celebrar, para olvidar, o simplemente para saciar tu curiosidad. Abandona tus miedos infundados, y no escuches a quienes amedrenten tu deseo diciendo que viajar sola no es seguro. Dale vida a tu mente inquieta, no la encierres en la prudencia. Ilusiónate y viaja para conocerte a ti misma, concédete la enriquecedora experiencia de contemplar lo que alguna vez te contaron, de relamerte los labios con nuevos sabores y de rendirte a otras culturas. Habla con desconocidos, aprende cosas nuevas y emprende este camino, el mismo que te llevará a recibir el nombre de viajera.

Ah, pero debo advertirte, amiga, que después de todo esto, puede que no vuelvas a ser la misma, que a tu regreso tu vivacidad sea tan intensa que tus inseguridades se rindan a tus pies. Puede que tu dignidad robustecida deje de tolerar cualquier ofensa o que tu mente despierta no entienda ya de diferencias ni discriminaciones. Puede que nuevos valores emerjan en tu universo y que pienses por siempre por ti misma, porque podrás razonar lo que tus ojos emigrantes presenciaron y lo que sintió tu alma peregrina. No te conformes con una existencia preestablecida, huye de lo común. Levántate, viaja, vuela, conoce, sueña, mujer. ¡No te resignes! 

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