De Madrid al cielo pasando por Miami

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DE MADRID AL CIELO PASANDO POR MIAMI

Soy una barcelonesa felizmente adoptada en Madrid durante dieciséis años. Me encanta perderme por las calles de cualquier ciudad vieja y pasar el rato en alguna cafetería, en una librería de barrio o viendo exposiciones de pintura y de fotografía. Pero resulta que después de crecer entre historia, el Mediterráneo y la vidilla sin descanso de Madrid, hace cuatro meses crucé el Atlántico para empezar nuestra aventura familiar en Miami (USA), donde la ciudad más “antigua” es de principios de 1900…

Tres hijos multiedad, marido, un gato negro permanentemente estresado, un colchón de los buenos recién comprado a plazos y muchos libros en las estanterías; todos al camión de mudanza rumbo a Miami.

De Madrid al cielo pasando por MiamiAlgún punto del Océano Atlántico Norte, a unas dos horas de aterrizar en Miami

Y mirando atrás por la ventanilla del avión me di cuenta (a estas alturas de la vida, que ya tiene delito…) que nunca he planificado un viaje. Solo lleno el depósito de gasolina o saco billete de ida/vuelta y, en este caso, solo ida. Nunca compro una guía turística, ni miro un mapa, ni saco entradas anticipadamente. De hecho, no sé bien qué veré y haré hasta que pongo los zapatos en el destino.

Reconozco que me daba cierta envidia sana cuando veía a algunas amigas planificar punto por punto: “así sí se saca provecho de un viaje”, pensaba. Pero es que una ya no puede cambiar a los cuarenta y algo y si siempre he huido de un viaje organizado, esta experiencia de empezar una vida en otra parte del mundo no iba a ser menos.

Así que este es el improvisado descubrimiento de una nueva habitante de Miami desde hace cuatro meses. Sin folletos turísticos, sin hoja de ruta, con la cámara del iPhone en una mano, la familia en la otra y muchas ganas de conocer el “Sunshine State”.

De Madrid al cielo pasando por MiamiOcean Drive, el paseo marítimo de Miami Beach

La primera semana decidimos acampar en el epicentro de los turistas para ver el Miami de las películas: fiesta nocturna non-stop en Ocean Drive, coches tuneados, guapas y guapos en patines, modelitos imposibles o shopping.  

Hay que darse una vuelta obligada por Miami Beach, mitad americana, mitad gente de medio mundo que se mezcla en una coctelera y da como resultado un mejunje pluricolor y multisabor.

Por otra parte, sabemos que en un desierto hay posibilidades de encontrar un oasis y, después de recorrer la larguísima playa en Miami Beach llena de turisteo, acabamos repitiendo día tras día en la zona de South Beach entre las calles 1 y 3, más o menos. Justo al lado de South Pointe, el último trozo de arena blanca antes de llegar a la “autopista” de entrada y salida de los cruceros.

De Madrid al cielo pasando por MiamiMiami Beach, South Pointe

Nos contaron que esa es la zona que frecuenta la gente local. Lo típico: siempre vas a la misma playa y acabas conociendo a la gente que hace lo mismo que tú. Así que descubrimos un ambiente súper agradable, con su punto pintoresco “miamense” y una playa espectacular de arena blanca, agua turquesa, con sus “casetas” de “vigilantes de la playa” incluidas. ¡Fans para siempre de esa playa!

Ahora bien, estás por allí, llega la tarde-noche y te apetece un poco más de marcha y ambientillo moderno. Pues a menos de 500 metros tienes el Nikki Beach, un club cool donde los haya, con su playa delante, donde puedes picotear y tomar algo, hacer el brunch el domingo y escuchar música.

Pasada esa primera semana como turistas de manual nos lanzamos a descubrir otros “barrios”.

Y nos encontramos con una maravilla de lugar para seguir cerca de nuestra tierra: Coral Gables. Una ciudad llena de calles con nombres como Madrid, Cataluña, Asturias, Granada Boulevard, Venecia, Palermo, Padua, etc.

De Madrid al cielo pasando por MiamiMadrid Street en Coral Gables

Coral Gables fue fundada en los años 20 por un señor llamado George Merrick que compró 4000 hectáreas de tierra (unos 40 kilómetros cuadrados) para diseñar la “ciudad más hermosa del mundo” inspirado en la construcción mediterránea. Actualmente, el vecindario colabora meticulosamente en mantener la ciudad impecable cuidando cada jardín, la apabullante vegetación, los árboles centenarios y protegiendo la variopinta fauna como: pavos reales, pequeños zorros; animalitos que se cruzan en tu camino todos los días.

De Madrid al cielo pasando por MiamiCastile Avenue en Coral Gables; aunque podría ser cualquiera de sus calles

El señor Merrick conserva su nombre en la que fue su casa que es ahora museo y un “mall” (centro comercial) con mucho estilo y al aire libre: Merrick Park.

En Coral Gables también está la piscina más bonita que he visto por ahora: Venetian Pool. Construida en 1923 sobre una cantera y que tiene cascadas, cuevas y puentes. Excepto por el calorazo y la humedad de Miami en verano, parecería que estás en un canal de nuestra Venecia europea.

Como curiosidades: es una piscina pública, periódicamente organiza “día de mascotas”, así que puedes ir a darte un chapuzón con tu perrete y también puedes celebrar fiestas de cumpleaños.

foto6-entradavenitianpoolEntrada de la Venitian Pool en Coral Gables

foto7-venitianpoolVenitian Pool en Coral Gables

Miami es una ciudad verde y azul y, sin duda, verte rodeada de naturaleza en todo momento es uno de los puntos fuertes de este lugar.

Por muchos rascacielos que tengas delante de tus ojos puedes tropezarte con una zona espectacular como el Oleta Park en la Bahía de Biscayne, zona de North Miami.

Si miras a lo lejos ves los edificios pero, paradójicamente, estás dentro del parque urbano más grande de Florida. Rodeado de un bosque espectacular bordeado por el Río Oleta, con senderos para ciclistas y dar un buen paseo andando, con opción de alquilar una canoa o un kayak y recorrer el río, con una playa de arena fina, mesas de picnic y parrilla disponibles. También hay cabañas para pasar la noche y un pabellón de picnic que se puede alquilar para hacer una fiesta, una comida o lo que se te ocurra.

En Miami los espacios públicos se pueden alquilar y el dinero que se obtiene se revierte en su mantenimiento. Nos llama la atención lo responsable que es la gente y lo limpio que está todo.

 

Cambiando de zona, en estos cuatro meses también nos hemos dado una vuelta por los Cayos de Florida. A la aventura por supuesto.

Para contextualizar un poco hay que saber que es un archipiélago y que, gracias a una carretera con veintidós puentes construidos sobre manglar y mar, puedes recorrerlos hasta el último que es Key West (donde vivió Hemingway). El famoso punto de las 90 millas hasta Cuba.

Mis compañeros de la empresa en la que trabajaba en Madrid me regalaron como despedida un tour en helicóptero así que, con mi vértigo a cuestas, agarramos el coche un sábado y pusimos rumbo a Marathon que es el cuarto de los seis pueblecillos importantes de los Cayos.

La experiencia: ¡espectacular! A pesar de los gritos en el despegue, poder ver ese azul turquesa desde el cielo es de lo más recomendable.

 

Y en el viaje por los Cayos descubrimos otro rinconcito que vale la pena conocer: Islamorada. El GPS nos iba avisando de que estábamos a punto de llegar pero solo veíamos manglar y carretera, entonces llegamos a una pequeña entrada donde había espacio para aparcar cinco o seis coches como máximo y encontramos esta maravillosa playa salvaje.

Islamorada

Podías caminar y caminar y, con el agua por los tobillos, llegaba un momento en el que no sabías si pisabas el mar o el cielo.

De camino de vuelta nos fuimos a ver el “sunset” desde un restaurante nada turístico: Lazy Days Islamorada.

Desde nuestra mesa, comiendo pescado del bueno, veíamos esto. Y ante semejante espectáculo, no hay nada que comentar…
De Miami al cielo pasando por Madrid Sunset en Islamorada

sunset isla moradaSunset en Islamorada

Y para ir acabando la historia de este inicio de aventura, en cuatro meses hemos vivido un 4 de julio americano, un huracán, mucho sol, mucha lluvia, sesiones playeras interminables, paseos por árboles que parecen baobabs, un Halloween auténtico y estamos en preparación de ver lo que pasa en Thanksgiving y Navidad. Todo eso y muchísimo más es Miami. Seguiremos descubriendo esta ciudad sin mapas ni guías.

 

Neus Martínez

Neus Martínez

¿Quién soy?

Me enseñaron a leer antes de ir al colegio y no me recuerdo de otra forma que con un libro entre las manos. Todo lo que sea papel, tinta y letras me vuelve medio loca. Lo que más me gusta en el mundo es leer, escribir, el café, el queso, las espinacas, el chocolate negro y la fotografía. Me dedico profesionalmente al desarrollo de proyectos e-learning y comunicación y estoy reiniciando mi sistema operativo desde que aterricé en Miami.

 

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